31.12.1997. Análisis del mes de enero de 1998
en Euskal Herria.
Quienes leen las sucesivas entregas de esta OJEADA A LA CARA
OCULTA (VASCA) DEL ESTADO ESPAÑOL, de este Servicio analítico-informativo
de la RED VASCA ROJA, saben bien cuánto he citado en ellas
las palabras tantas veces lúcidas, racionales, crudas y
veraces de Gabriel Albiac. Precisamente citadas porque son así
aunque se publiquen en un diario tan torticeramente antiMLNV como
EL MUNDO.
Gabriel Albiac es un luchador antifranquista "de pata
negra" por utilizar una referencia gastronómica de
calidad. Con una ancha y profunda cultura, una inteligencia afilada
como un alfanje de acero de Damasco, una pluma que ha escrito
en un español esplendoroso libros importantes, memorables
y humanizadores, libros que son poiesis. Tiene una muy entrenada
visión analítica, una honestidad personal y política,
una fidelidad a sus principios y una incapacidad de doblar la
cerviz ante el poder difíciles de encontrar en los páramos
de España hoy repletos de manadas de bueyes de dos patas
que humillan su frente impotentemente mansa para cargar felices
los yugos que les quieren poner y les ponen gentes de la hierba
mala.
Discrepo de él en muy pocas pero importantes cosas: Cuba y Fidel, p.e.; su incomprensión teórico-práctica del papel estratégico de la resistencia de las identidades nacionales para impedir y doblegar la arrasadora fuerza expansiva hacia la hegemonía uniformadora de la abstracción-mercancia, p.e.; y otras (insisto en que pocas pero importantes) que no es del caso detallar ahora. Pero aún así mis discrepancias son pequeñas comparadas con la inmensidad de mis coincidencias con su pensamiento, con sus obras y con su vida.
Porque así le admiro y respeto me duele su dolor. Me
duele el talante que en los últimos meses traslucen sus
escritos. Me duele su desfallecimiento cuando contempla su propia
vida. Su tristeza, su desencanto, su falta de esperanza y de ilusión
por el futuro y por las oportunidades que el presente abre para
el futuro. Como las que hoy (5 de febrero) ha puesto por escrito
en su columna. Que comienza así:
"Pasa a veces. Una lenta atonía. Tal vez sólo
la convencional linde de los cincuenta. Y el recelo que acecha
a cualquiera que no sea un imbécil: el de haber extraviado,
en un punto indefinido, la vida. Constancia de cómo el
mundo convenido se esfumó. Nada mejor, para estas tardes
lluviosas de febrero que el Chateaubriand evocador del tiempo
ido. "He visto terminar y comenzar un mundo". También
nosotros, sin la menor idea de qué hacer con este otro
que irrumpió sin que nos diéramos cuenta y no es,
tan sin remedio, ajeno. Trato así de atrincherarme en el
rigor monacal del análisis: ver, analizar, escribir. De
un modo, al menos, técnica y éticamente riguroso.
No hay placer que de ello se siga, sin embargo. Porque la realidad
se volvió invulnerable. Otros podrán -tendrán
que hacerlo- escribir en el ascetismo de quien se sabe privado
de intervención real. Para los escritores de mi edad es
imposible. Somos intelectuales viejos: sin el placer de la revolución,
nuestra escritura es nada. Nada, nosotros con ella". (3)
Triste y desconsolado párrafo que se duplica y reduplica
al final del texto:
"¿Cuántos ciudadanos quedan en este mundo,
que es el nuestro, de papel couché y cháchara insulsa
sobre infantas embarazadas?.
Y así vamos. Un poco barcos fantasmas. Sin más
afán que naufragar con elegancia. Escribo. Pero es como
si fuera otro -u otra cosa- quien escribe. Me divierte manipular
el pasaje de Chautebriand: "Demasiado bien sé que
no soy sino una máquina de hacer libros". Fuerzo el
anacronismo: "no soy más que una máquina de
escribir", el ordenador que hereda mi memoria y sus combinatorias,
como dato arqueológico. uno más." (4)
¿Qué pintan estos textos en un "Análisis
mensual" sobre Euskal Herria?. Pintan mucho y muy pertinentemente.
En primer lugar porque la realidad actual de Euskal Herria no
se entiende si no se contempla a la formación social vasca
como lo que es: un AGONISTA. Es decir, como un personaje épico
o dramático que se opone a otro (España) dentro
del conflicto que dialécticamente los enfrenta. Y por ello
entender la realidad actual de Euskal Herria exige entender la
realidad actual de España.
Y pocas cosas pueden ayudarnos a entender la realidad actual
de España tanto como comprobar los efectos que el vivir
en ella hace a una persona honesta y sensible como es Albiac.
La pútrida y mefítica charca en que cuarenta años
de franquismo y veintidós de su prolongación juancarlista
han convertido a España hacen irrespirable su atmósfera
a los que aún no se han convertido en rinocerontes capitalistas.
En segundo lugar porque esos textos son un ejemplo clamoroso
de la validez de la ley-consigna enunciada por Lenin: "Sin
teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario".
Albiac escribe (y siente) así de desilusionado y descorazonado
ciertamente porque tiene la desgracia de vivir en la mefítica
atmósfera de la España corrupta de hoy, alienada
y encanallada por el Régimen del Rey que Franco nombró,
rodeado de bueyes y de pastores de bueyes. Pero TAMBIEN porque
flaquea su comprensión teórica del mundo en el que
vive.
Capta correctamente que estamos viviendo una época-bisagra,
un momento de hundimiento de un mundo y gestación de otro
en el que lo viejo no ha terminado de morir y lo nuevo no ha terminado
de nacer. Pero entiende mal qué es lo viejo que muere y
qué es lo nuevo que nace.
Así otra frase del texto suyo que estoy citando afirma
que: "Un siglo y medio después, nos toca rendir acta
del fin del tiempo nacido con las revoluciones burguesas".
Se queda corto. Entiende mal qué es lo que muere. Lo que
está desapareciendo es algo que lleva bastante más
que un siglo y medio de vida. Está desapareciendo nada
más y nada menos que el Modo de Producción Capitalista
QUINIENTOS AÑOS después de su artificial y brutal
aparición.
Y entiende mal qué es lo que está por nacer.
Que no es sólo una fase más, el fruto de una metamorfosis
más, un avatar más del capitalismo sino OTRO Modo
de Producción. Lo que muere es toda una civilización.
Al no entender eso Albiac no capta el hecho fundamental: LA INCERTIDUMBRE sobre lo nuevo que vendrá. El hecho de que un cambio de Modo de Producción supone por lo menos una bifurcación (probablemente en este caso una trifurcación). Es una encrucijada de caminos Y NO ESTA DETERMINADO CUAL ES EL QUE LA HUMANIDAD VA A SEGUIR.
Consecuentemente Albiac no capta el factor tremendamente ESPERANZADOR
de la situación. El de que PUEDE que lo que venga sea todavía
peor que el capitalismo (un fascismo planetario, un IV Reich mundial
que supere los más brutales y locos sueños hitlerianos
o un brutal neofeudalismo planetario, una Edad Obscura a escala
planetaria). Pero que también PUEDE que venga un ensayo
socialista MUNDIAL hacia el comunismo, un caminar hacia hacer
realidad el viejo sueño de hacer de la Tierra un Paraíso,
la Patria de la Humanidad.
Albiac no capta que los que ahora vivimos en el planeta tenemos
brutales riesgos ante nosotros sí, pero también
una oportunidad de la que no han gozado los revolucionarios del
Siglo XVII ni los del Siglo XVIII ni los del Siglo XIX: la de
influir en un cambio de civilización, en un cambio de Modo
de Producción. Oportunidad tanto más esperanzadora
por cuanto es precisamente en estas raras ocasiones históricas
cuando los factores subjetivos son más importantes y más
eficientes. Cuando pequeños cambios inducidos y forzados
por relativamente pequeñas minorías pueden, si se
producen en puntos y momentos estratégicos, precipitar
corrientes masivas de cambio, pueden cambiar el curso de los acontecimientos
haciendo que se desvíe la dinámica de las estructuras,
haciendo que tomen otro rumbo las modificaciones espontáneas
de los hechos sociales de masas.
¡Ojalá que Albiac entendiera esto! Si, además,
tomara la decisión correcta de venir a luchar a y por Euskal
Herria, se incorporaría a una lucha ya en marcha de un
pueblo que camina con el viento de la Historia hinchando sus velas,
navegando para que los nuevos rumbos que se abran lo hagan en
la dirección correcta.
¿Se entiende por qué era pertinente citar aquí ese texto de Albiac?. De esa situación mundial actual y de cómo se inscribe en ella la lucha de Euskal Herria es de lo que trata este análisis del mes de enero de 1998.
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